Su cara era un compendio geográfico, un monumento al accidente, el grial de la cirugía plástica. En la víspera de Difuntos, hecho a su Halloween de cada día, se limitaba a circunnavegar los meridianos de sus orejas con un rotulador negro.
No ganó jamás el premio a la mejor máscara: el jurado argumentaba exceso.
No ganó jamás el premio a la mejor máscara: el jurado argumentaba exceso.
