domingo, 2 de diciembre de 2007

Encuentros en La Tercera Fila - 20/11/07

Ana fundó La Tercera Fila, su propio club de amantes del cine, reuniendo un elenco de acompañantes que ella alternaba según sus necesidades. El guapo Esteban, tan útil en los visionados de las series B de cualquier género, fue reclutado en la adolescencia por su inagotable sed de piel. Alfonso, que la desdeñaba como mujer, compartía todas las sesiones donde los apartes y las lágrimas de ambos acotaban las escenas más románticas.

Pero el favorito, el reservado para las cintas memorables, era Tristán, su tímido enamorado. Mientras él se debatía indeciso entre tomarle la mano o depositar un casto beso en su mejilla, ella podía disfrutar en paz de la película.

Sensurround - 16/11/07

María, harta del volumen abusivo de los altavoces, acude al cine con tapones en los oídos. Se retrepa en la butaca y, ajena a la ironía del acompañante de turno, se abandona a su placer clandestino.

En completo silencio, el respaldo sacudido por las explosiones masajea su espalda mientras sus entrañas vibran armónicas con la banda sonora. El clímax llega cuando la voz del protagonista es un suave pálpito que reverbera entre sus muslos.

Plano secuencia - 15/11/07

El acomodador recién despedido añadió matarratas a la sal, repartida generosamente por el vendedor sobre las palomitas que compraban ansiosos los adolescentes que rodeaban al crítico de cine aburrido ante la idea de visionar la última película de acción del director en declive que se suicidó días más tarde tras leer su crónica en el diario:

“Un fracaso más en una carrera que fue brillante en su momento. La típica algarabía juvenil del público fue dando paso al gélido silencio con el que fue recibido el único plano que contiene la cinta”.

La ceca del cine - 14/11/07

Jacobus Goodman, célebre novelista, jamás ha visto película alguna. Sabe que ya no se pisa la misma isla del tesoro cuando el cine ha acuñado su Jim único sobre el que moraba en cada lector de Stevenson.

Ahora, casi todos sueñan con idéntica pelirroja de guantes largos en el mismo andén nocturno de una ciudad que no existe. En su miseria, huyen por un callejón perseguidos por un Moriarty que aplastó a infinidad de sí mismos más pavorosos.

Por eso, Jacobus no cede a las presiones ni venderá nunca sus personajes al celuloide. Los quiere libres y polimorfos, a imagen y semejanza de los que aún leen.

La linterna de Diógenes - 13/11/07

Cuando Diógenes el acomodador empuñaba su linterna para guiar a los espectadores rezagados, sentíase llamado a una tarea más noble: hallar hombres dignos de sus butacas.

La gran evasión - 11/11/07

Esteban Reina se hunde un poco más en su butaca mientras los haces de luz de las linternas barren las sombras del recinto. Se desliza con cuidado hasta quedar tumbado en el suelo mugriento y empieza a reptar bajo los asientos. Sortea un entramado de piernas hasta alcanzar la última fila, a tan sólo dos metros de la libertad. Mientras, en los altavoces de la sala resuenan los ladridos de los perros y se suceden los “Achtung!” y los “Alarm!”.

Alcanza la salida de emergencia de un salto y, casi sin aliento, escapa hacia la entrada principal. En el vestíbulo, cerrado por una valla metálica, confluyen tres pasillos por los que se aproximan los vigilantes estrechando el cerco. Debe intentarlo. Fija la mirada, toma carrerilla y salta sobre el obstáculo con tan mala suerte que su pie izquierdo se traba. Esteban cae.

—¡Volvería a entrar sin pagar! —grita a los que le sujetan—: Es mi deber de cinéfilo.

Las historias interminables - 07/11/07

Alberto no lograba superar su melancolía por el decadente desenlace de los filmes biográficos. Por amor al séptimo arte, cuando la inquietud se extendió al resto de géneros, decidió marcharse antes de terminar la proyección.

Tanto fue adelantando su partida que ahora ya ni compra la entrada y pasa las horas sentado en un banco, frente a la marquesina del cine, donde los planteamientos jamás son alterados por final alguno.

Collage - 06/11/07

Serafín no lograba reunir el dinero suficiente para dirigir su propio filme. Decidido a liberar al artista que llevaba dentro por medios más económicos, compró una vieja mesa de montaje y se empleó como técnico de proyección en el cine Excelsior.

Ahora, cada tarde, la película romántica anunciada en la cartelera se desarrolla entre persecuciones espaciales, trogloditas, números de baile y sesudos diálogos en plano fijo. El creador, mientras, observa complacido las reacciones del público desde su ventanuco al fondo de la sala.

Mimesis - 04/11/07

Raúl es uno de esos espectadores que al salir del cine imitan a los personajes de la pantalla. Si la película trata de artes marciales, allá va él propinando patadas giratorias a las farolas. Si del Oeste, sale con un andar ahorquillado y la mirada torva. Viste traje y corbata para todas las de gánsteres, pero no ve las de James Bond por lo costoso que resulta alquilar un esmoquin.

El domingo pasado, finalizada la proyección de “La noche de los muertos vivientes”, fue tiroteado en plena calle por un héroe que pasaba por ahí.

Cinegética - 03/11/07

Juan aguardaba a Isabel en la puerta del cine mientras repasaba su manual de “Técnicas de seducción para cinéfilas”: nada de palomitas, silencio monacal e inmovilidad rigurosa —acaso algún leve cabeceo cómplice durante las escenas más incomprensibles— y, sobre todo, atención esmerada a los títulos de crédito. Si esto no la impresionaba, nada lo haría.

Ella llegó puntual a su cita con la cinematografía albanesa y todo transcurrió según lo previsto. Durante tres horas y media de tostón insufrible, él sólo tuvo que preocuparse por seguir fielmente las instrucciones y por una tos inoportuna que sofocó sin piedad con alguna furtiva lágrima.

Al encenderse las luces de la sala, Juan se giró sonriendo hacia… una butaca vacía. Sobre el asiento, una nota: “Peli malísima. Te vi tan emocionado que no quise interrumpir. Ciao”.