Ulises, el espabilado, declinó la oferta formal de Calipso y regresó junto a su amada Penélope. Cuando muriera su esposa, podría retomar el asunto con la ninfa y abrazar la inmortalidad. Olvidaba la naturaleza voluble de la mujer: al llegar a Ítaca, Penélope yacía satisfecha con dos de sus últimos pretendientes.
Despechado, el héroe navegó de vuelta a Ogigia. Pero la bella, encaprichada de un sátiro dálmata, se aferró a la letra menuda de su propuesta alegando que el ofrecimiento había caducado. Él pleiteó hasta arruinarse y perder su barco, del que sólo conservó el remo que le acompañaría hasta el final de sus días.
domingo, 2 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario