A Juan se le caen primero las uñas de los pies, después los dedos de la diestra, una oreja y parte de la nariz. Segundos más tarde, todo él se escurre con el agua por el desagüe de la bañera. Su yo desmembrado se va mezclando, cañerías abajo, con los restos de la vecina del quinto, el jubilado del segundo y el hijo mayor de los Martínez.
Cuando salen por el angosto agujero de la cloaca, sucios y recombinados, la vergüenza les empuja de nuevo a la ducha.
martes, 28 de julio de 2009
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