Miguel estaba seguro de no fracasar en esta última prueba: llevaba notas con esquemas en el dobladillo de los pantalones, diagramas pintados en los puños de su camisa y una grabadora con indicaciones en la chaqueta.
Sin embargo, todo se vino abajo cuando ella le gritó:
—¡Por Dios cariño, desnúdate ya y ven a la cama!
domingo, 14 de septiembre de 2008
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