Segundos antes de salir al escenario del viejo burdel, el hermafrodita se las prometía felices. Su espectáculo sería todo un acontecimiento: dos barras verticales, un bello cuerpo azul con cuatro fuertes brazos y tres ojos que hacían hervir el alma y algo más… ¡El nuevo dios de la danza erótica!
Shivá no pudo saborear las mieles del triunfo. Su actuación, más que notable al principio, desencadenó el fin del mundo.
domingo, 14 de septiembre de 2008
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