domingo, 2 de diciembre de 2007

La gran evasión - 11/11/07

Esteban Reina se hunde un poco más en su butaca mientras los haces de luz de las linternas barren las sombras del recinto. Se desliza con cuidado hasta quedar tumbado en el suelo mugriento y empieza a reptar bajo los asientos. Sortea un entramado de piernas hasta alcanzar la última fila, a tan sólo dos metros de la libertad. Mientras, en los altavoces de la sala resuenan los ladridos de los perros y se suceden los “Achtung!” y los “Alarm!”.

Alcanza la salida de emergencia de un salto y, casi sin aliento, escapa hacia la entrada principal. En el vestíbulo, cerrado por una valla metálica, confluyen tres pasillos por los que se aproximan los vigilantes estrechando el cerco. Debe intentarlo. Fija la mirada, toma carrerilla y salta sobre el obstáculo con tan mala suerte que su pie izquierdo se traba. Esteban cae.

—¡Volvería a entrar sin pagar! —grita a los que le sujetan—: Es mi deber de cinéfilo.

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