Serafín no lograba reunir el dinero suficiente para dirigir su propio filme. Decidido a liberar al artista que llevaba dentro por medios más económicos, compró una vieja mesa de montaje y se empleó como técnico de proyección en el cine Excelsior.
Ahora, cada tarde, la película romántica anunciada en la cartelera se desarrolla entre persecuciones espaciales, trogloditas, números de baile y sesudos diálogos en plano fijo. El creador, mientras, observa complacido las reacciones del público desde su ventanuco al fondo de la sala.
domingo, 2 de diciembre de 2007
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