El alba sorprende a María dormida en el sofá, frente al televisor encendido. Gregorio, ya despierto en la cama, desearía poder levantarse con el pie izquierdo al menos un día.
—Qué desconsiderada —bufa él, rodando sobre sí mismo hacia el lavabo, donde deshincha su vejiga con un tenue silbido.
lunes, 7 de enero de 2008
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