Incapaces de vivir del cuento tras la reconversión del sector, las bellas de leyenda decidieron adaptar sus nombres artísticos a las nuevas necesidades del mercado. Cenicienta, empleada en un burdel de la ciudad, tomó el apodo de Cena-a-Cientos por sus increíbles habilidades orales. La nietísima del bosque, la conocida Capa-Rusitos, vistió la piel del lobo y descollaba como sicaria del hampa eslava.
Sin embargo, la triunfadora absoluta fue la dulce Blanca Nieve que, mientras alquilaba los servicios del espejo a la CIA, controlaba un cártel de la droga gracias a sus enanos infiltrados.
lunes, 7 de enero de 2008
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