Lili la hechicera se aproximó para rogarle que se alejara; le previno, débil y llorosa, de su capacidad destructora; aireó sus encantos para que la imaginación de él no la divinizara; se bañó en raros perfumes para no lastimarle con su hedor.
¿Qué podía hacer el sabio Tzu sino caer en sus garras?
lunes, 7 de enero de 2008
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