Cuando su amada esposa le dejó por su mejor amigo llevándose las ganancias de toda una vida, Lucas el buscador perdió el poco juicio que le alumbraba. Encerrado en su cabaña durante el día, pasaba las noches en la explotación del río con el agua hasta los muslos.
—¡No es oro todo lo que reluce! –exclamaba sin cesar con su batea repleta de estrellas.

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