La frágil nave de madera coronó la ola para caer de inmediato en su seno con un fuerte golpe de pantoque. Ateridos por el frío nocturno, los cincuenta tripulantes se arremolinaban en cubierta observando la costa rocosa tras la cual creían oculto su Vellocino de Oro.
De pronto, un dedo de luz cegadora quebró la oscuridad y cayó sobre ellos.
—¡Detengan la embarcación! ¡Alto a la Guardia Civil!
—Insh’Allah —respondió Hassan, patrón de la patera “Al—Ghul”, virando hacia los escollos.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario