La princesa espera y espera. El dragón, un ojo abierto, sonríe dagas de marfil.
—¡Socorredme, estoy presa en la torre del castillo! —Había releído ella en el avioncito antes de lanzarlo a través de una barbacana.
Cuando la flecha de de papel rozó las quietas aguas del foso, una llamarada la convirtió en nubes de ceniza y vapor.
martes, 20 de noviembre de 2007
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