jueves, 22 de noviembre de 2007

De casta le viene al galgo - 07/10/04

—Hagamos de tripas corazón —dijo el doctor, inclinado sobre el cadáver—. Padre, por favor, páseme las pinzas.

—Los intestinos no aguantarán la presión —repuso el anciano.

—Más vale aprovechar que tirar.

—¡No presuma de tener ciencia, quien no tiene experiencia!

—Padre, no sea anticuado, que de sabios es variar la opinión.

Durante unos minutos, sólo se escuchó en el laboratorio el leve tintineo del instrumental quirúrgico.

—Menuda cicatriz le dejaste en el abdomen —dijo uno.

—Más vale remiendo feo que agujero hermoso —contestó el otro, dejando la aguja y limpiándose las manos en el sangriento delantal—. Bien, ya hemos terminado por hoy.

—No tan aprisa, padre, nos hace falta un cerebro —dijo el joven tomando un gran escalpelo de la mesa.

—¿Y de dónde lo sacamos si ya es de noche? A buenas horas, mangas verdes.

—¡Te nombro donante! —exclamó el hijo hundiendo la hoja en el vientre paterno.

—Cría cuervos… —alcanzó a decir la víctima mientras se desplomaba.

—De tus hijos sólo esperes lo que con tu padre hicieres, viejo.

Momentos después, ya con la masa gris en sus manos, se volvió hacia la mesa emocionado.

—A quien Dios no le dio hijos, la ciencia le da engendros.

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