martes, 20 de noviembre de 2007

Involución - 10/05/04

Un buen día, harto de la paz de los sordos, se lanzó con las alas recogidas hacia el valle de lágrimas. En su vertiginosa caída, fue perdiendo plumas y se le encostró la piel inmaculada. Cuando el impacto con la superficie le zambulló en tierra húmeda, olorosa de vida y muerte, el ahora armadillo gruñó de placer olvidando de donde venía.

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