—Tu desorden quiebra mi vida y la deja caer aquí y allá, como plumas de un ave sacrificada. Podría hacer el doble de lo que hago y otro tanto más, si hallara las cosas en su sitio.
—¿Y tú? ¿No ves que tus prisas me desquician? Cuando nada importa, el tiempo apenas fluye y rozo la inmortalidad. Clávame a un horario y me robarás el alma.
—Si me escucharas, todo nos iría mucho mejor.
—Si escucharas, oirías crecer los montes en días milenarios.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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