Desde la cima del Pasga, Moisés y Josué contemplan la Tierra Prometida. Hay ambición indisimulada en los ojos del más joven y alivio en la mirada del anciano.
—Es una lástima que el Señor no te permita acompañarnos, amigo mío.
“Tanta angustia y miedo ante el poder de Egipto, los gemidos de sus primogénitos cada noche en mis pesadillas, desiertos inacabables, la ingratitud del pueblo, el aterrador enojo divino”, repasa Moisés.
—¿Sabes, Josué? No sé qué tal os irá en esa tierra, pero lo que mal empieza…
jueves, 22 de noviembre de 2007
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