Me despojé de mis harapos y, hecho un grano de mí mismo, me aventuré en el océano. El capricho de las mareas me condujo hasta la Esfinge.
—Tan solo eres lo que escribes —me dijo sin pestañear.
—Sólo soy la luz que emito —repetí mientras mi cuerpo se deshacía irradiando relatos sin sentido.
martes, 20 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario