martes, 20 de noviembre de 2007

Battersea Power Station - 08/03/04

Tres hombres discutían en la cocina de un puesto de comida rápida del nuevo centro comercial.

—Pero, ¿cómo es posible? –se ensañaba el encargado—. ¿Insistes en que un cerdo salió volando de una de las chimeneas?

—Sí, de las chimeneas de la fachada principal, salió de la que queda a la izquierda —explicó el joven de uniforme—. A la izquierda según se entra, sí.

—Bueno, hijo —terció el gerente, que había permanecido en silencio hasta ese momento—. Es todo. Siga con su trabajo y ni una palabra a nadie.

El chico miró a uno y a otro y, sin añadir nada más, salió de la cocina en dirección al atestado mostrador.

—Bobby, ¿no le habrás dejado comer de lo de aquí, verdad? —preguntó el gerente.

—En absoluto, jefe. Saben que está estrictamente prohibido.

—Me voy. Ten los ojos abiertos —El gerente empezó a abotonarse el abrigo—. Y despídele dentro de unas cuantas semanas, cuando ya nadie se acuerde de esto.

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