Érase una vez un cuentazo, de esos que te hacen pasar un buen rato. Era ágil como un lagarto de verano, alegre como un grito de patio de escuela y misterioso como un regalo de cumpleaños. También un poco turulato y algo desmañado, que yo nunca te engaño.
Te lo contaría, de verdad, ¡si pudiera recordarlo!
Ay sí, y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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