El ángel descendió sobre la calzada junto a los despojos del armadillo y, como arúspice del Señor, leyó el porvenir en el amasijo de tripas.
Al erguirse, contempló la gran cantidad de criaturas aplastadas que yacían en la carretera. No le hizo falta volar hasta ellas para conocer el futuro del Hombre.
martes, 20 de noviembre de 2007
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