“O sole mio sta 'nfronte a te!”
—¡Qué bien canta el gondolero, cariño! —dijo ella—, aunque me inquieta no ver casas a orillas del canal.
Su acompañante pensó que había valido la pena sobornar a Caronte, diez dracmas en lugar del óbolo, por el extra musical.
—Pero no llores, Gustavo —prosiguió la mujer—, aún así es un viaje espléndido.
Una gota veneciana rodaba entre las cuencas vacía de la Muerte disfrazada de su marido, enamorada de tanto rondarla.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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