—Cuando el hombre se mea las botas, no es bueno para las mozas —susurró Ana.
—Pues parece macho el Antón —dijo Luisa la modista.
—A la puta, el hijo le saca la duda —remató su suegra.
—Eso sí, el crío, clavadito al padre Julián —terciaba la esposa del alcalde, mientras las demás asentían.
—Señoras mías —interrumpió el aludido—, a ver si estamos a lo que estamos. Tercer misterio gozoso…
—A Dios rogando y con el mazo dando —exclamaron ellas entre risas ahogadas.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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