El otro día vi hormigas entrando y saliendo de tus ojos. Desfilaban una tras otra.
Las que salían lo hacían despacio, cautas y observadoras. Las que entraban llevaban en sus bocas pedacitos de coral y de sonrisas, de luna y de mar, granos de la arena en la que te sentabas.
Me quedé a mirarte.
Desde entonces, te miro.
Algunas veces, tus pupilas zumban y se iluminan al paso de miles de zánganos y hacen que brote mi alegría.
Otras veces sin embargo me inquietan esos pozos castaños pues, ¿cómo será el universo que se construye allá dentro?
Ojalá recogieras trocitos de mí y me hicieras a tu voluntad para ver lo que tu ves.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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