martes, 20 de noviembre de 2007

Círculo vicioso - 10/06/04

Atraído por la profunda inspiración, el anillo de fuego dejó a su paso una débil estructura grisácea que se desplomó a tierra.

—Cuantos más me fumo, a menos me saben —se quejó el Diablo.

Mientras, una brigada de afanosos demonios menores recogía las cenizas que se acumulaban junto al trono. Los restos, debidamente empacados y etiquetados, se vendían a los cultivadores de tabaco de la superficie quienes, a su vez, los hacían pasar por materia prima de primera calidad ante las tabacaleras. La creciente plusvalía de éstas últimas era reinvertida por completo en publicidad.

—El negocio va viento en popa, Pedrito —reconocía Dios ante su portero, mientras clasificaba al por mayor el incesante flujo de ánimas.

—Ha llegado la última remesa de deportados del Cielo, su satánica majestad —informaba en ese mismo momento un edecán infernal.

—Pásame unos pocos, a ver si ha mejorado la calidad —suspiró con desgana el Maligno, encendiendo la melena de una condenada chillona—. Lo dicho, cuantos más me fumo, a menos me saben.

1 comentario:

Llandera dijo...

Tercer premio del concurso de minificciones de la Marina de Ficticia, junio 2004.