jueves, 22 de noviembre de 2007

La Luz - 24/08/03

— ¿Nombre?
— Joan Dard. 35 años. Casado, dos hijos. Desaparecido hace cinco meses. Su esposa cursó denuncia. Le encontraron en su coche en el fondo de un pequeño barranco, parece que se salió de la carretera por motivos que aún desconocemos.

"Hoy encontré tu boca y su gesto de concentración en la dependienta de una tienda de informática de un barrio que raramente visito (fui allí por indicación de un conocido común). Mientras pagaba, me quedé mirando la leve curva del labio superior y la carnosa invitación del inferior durante tanto tiempo que creo que ella se molestó un poco."

— ¿Entonces? ¿Para eso me has llamado?
— Bueno, en realidad, lo interesante es lo que iba en el asiento del acompañante.
— ¿Dices "lo que iba" o "quien iba"?
— Juzga tu mismo. Ahí, sobre la camilla 12.

"Hace unos días, localicé sobresaltado tus tobillos en una extraña foto del Directorio de Participantes de Hotmail, en uno de ellos incluso se podía apreciar una cadenilla de plata... ¿serían también espirales los abalorios que colgaban?"

— Pero... pero... ¿qué demonios es esto?
— Es la pregunta más inteligente que has hecho desde que entraste.

"Echo de menos tu mirada de girasoles, tus caricias tiernas y suaves, relajantes. Y esos besos que hacían que el mundo fueras tú. ¿Realmente no teníamos otra alternativa, un camino diferente para poder recorrerlo juntos?"

— ¿Mandasteis muestras al laboratorio?
— ¿Vas a decirme cómo hacer mi trabajo a éstas alturas? Espera, dejé la carpeta con los resultados sobre mi mesa. Voy a por ellos.

"Cuanto más lo pienso, lo único que conservo completo de ti es la tristeza de la añoranza. Si pudieras llover sobre mí y empaparme hasta las entrañas, si con ello arrastraras angustias y oscuridades por el sumidero del olvido."

— Aquí las tienes. Lee, lee, tómate tu tiempo.

"Quizás sea éste mi destino, encontrar lo que hay de ti en el resto de las mujeres y aprender a conformarme con los destellos que vayan surgiendo entre tanta vulgaridad. Será como decantar la arena de un río en busca de una diminuta pepita de oro, pero no me queda otra idea a la que aferrarme, vida mía."

— ¿Estás de broma? ¿No habréis vuelto a confundir las etiquetas como en el caso Huertas, verdad?
— Es tal y como lees, así se explicarían las numerosas cicatrices que presenta el..., el sujeto.
— ¿Me estás diciendo que esto está compuesto por los restos de once seres humanos distintos?
— Las pruebas de ADN son concluyentes: de once mujeres distintas. Fragmentos de once mujeres, cosidos entre sí no sin cierta destreza, en mi opinión. Únicamente se echan a faltar los ojos.

"He hecho todo lo que estaba en mi mano, seleccionando tus destellos con antelación y recolectándolos con esmero. Sin embargo, y a pesar de mis esfuerzos, falta la Luz, un sol que no hallo en ningún lugar y que ahora sé que sólo puedes proporcionarme tu misma, mi amada"

— Supongo que alguien puede considerarse afortunada porque ese tipo sufriera el accidente.
— Muy cierto, muy cierto. ¿Un café?

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