Ignoro si perteneces a la luna, que avienta destellos de plata en tu piel marina, o si acaso te debes al sol que empapa de amor la fragua de tu vientre. Quizá seas del ámbar que baila en tus pupilas o del viento que me trae tus dulces palabras.
Yo sólo sé que mía no eres, Vida, pero de tu marido tampoco.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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