El ángel callejeaba perseguido por las dudas sobre su competencia profesional y por la tentación de colgar las alas y retirarse a las nubes del Trópico.
—¡Pssst! Tú... Sí, sí, a ti te lo digo —La voz provenía de un armadillo de mirada torva que se apoyaba en la esquina de un callejón.
—Adivino tu pensamiento, palomita —continuó el animal—, y te ofrezco el triunfo que deseas: mis colegas han cavado una galería hasta el Averno por la que podrías rescatar a unas cuantas almas perdidas.
—¿Y qué me pedirás a cambio, indigno mamífero, si acepto tu propuesta? –preguntó, entre cauteloso y altivo, el querubín.
Al día siguiente, avalado por el éxito de la fuga de cincuenta y tres ánimas en pena, el ángel aprovechó su discurso ante el Consejo Celestial para presentar “su” invento: el charango eléctrico.
martes, 20 de noviembre de 2007
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