martes, 20 de noviembre de 2007

Humpty Dumpty - 15/06/04

—A tu abuelo le mató la nicotina— le explicaba la vieja mientras él veía a sus hermanos hurtar cigarrillos para jugar a los suicidas—, y a tu tío, el del pueblo, casi le tumba una bala de la Guardia Civil mientras huía de noche con un fardo de rubio de contrabando a la espalda.

Ya de mayor, descubrió que los policías velaban por el lucrativo negocio tabaquero del Estado, principal ejecutor de la segregación de los fumadores. "Logimprensible", decidió.

La estética del acto de fumar se la revelaron Rachel, la replicante envuelta en su propia bruma, y Ripley, sentada pensativa en el puente de mando del "Nostromo". Pero en la vida real, cuando el aroma acre llegaba hasta su nariz, se veía a si mismo nadando en una charca repleta de colillas. Seducido un día por un cóctel de morbo y rechazo, besó a una empleada del corrillo que
se veía obligado a salir a la calle para entregarse a su vicio. "Morbichazo", saboreó.

—Cuando estoy acompañada, ya no sé que hacer con mis manos sin un cigarrillo entre ellas— le confesaba ella después de dejarlo. Él, desde lo alto de su muro, sin ningún ejército que le viniera a recoger, no atinaba a indultar o a condenar esa súbita debilidad. Ni siquiera lograba una mini decente. "Humitativo", estaba.

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