“Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que”
—¡Homero! —gritó una voz femenina.
—A ver, cólera funesta que…
—¡HOMEROOO!
—¿Qué? –respondió él soltando el bolígrafo con fastidio.
—¿Cómo que qué? ¿No te dije que sacaras al perro y te acercaras a por pan?
—Así no hay quien escriba, ¡Dios!
—Y no blasfemes, bocazas.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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