martes, 20 de noviembre de 2007

Fumata - 16/01/04

Cuando el vehículo papal apareció ante su cámara de televisión, en pleno centro de la plaza de San Pedro, Victor se desperezó y fijó su somnolienta mirada en el monitor. Registró la panorámica habitual sobre los banderines amarillos y blancos de la muchedumbre mientras seguía el recorrido del auto.

De súbito, una explosión y el coche se desangró como un toro herido, segando la multitud cercana con metralla de acero y cristal. El resplandor dibujó fugaces columnas oscuras en las paredes de la Columnata.

Victor quiso llorar por el ardor de su rostro quemado, pero sus cuencas vacías eran humo blanco y, al caer, de sus labios se escurrió el nuevo sumo Pontífice:

—¡Demonio... !



Sobre: “Fumata” — Autor: mangeclous. 8 de enero de 2004

Dormía sobre la ventana de mi pesadilla cuando un silencio me despertó. Coloqué entonces mis ojos en la cuchara y la dejé en el centro de la plaza.

Los cristales de la cuadriga estallaron en un fuego articial. Los de color grana se clavaron en la multitud sembrando capotes en el suelo. El albor desapareció tras el toro y el mar arropado por el burladero defecó pozos de petróleo.

Quise llorar, pero de las cuencas vacías sólo brotó humo blanco y de mis labios escurrió el nuevo sumo pontífice.

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