—¿Puedo salir a jugar, mamá?
—Sí, pero no te alejes, que el sol ya no luce.
Por el vano de la puerta el crío asoma. ¡Qué negra está la noche oscura! Saca primero un pie, después la pierna entera. Acaricia las sombras con sus brazos tendidos.
El tiempo vuela y de casa le reclaman.
Pero el niño no contesta, duerme junto al portal. Sus labios, tiznados; en el cielo roto, un mordisco de luna y pellizcos de estrellas.
—¡Comiste noche, Alonso! —exclama la madre—. ¡A la cama sin cenar!
jueves, 22 de noviembre de 2007
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