Trabajo con una colega que lleva un objeto suelto en el interior del tacón del zapato derecho de su uniforme. Cada vez que anda cerca, el leve tintineo de la pieza me evoca infinitas imágenes. Unas son líricas —será el dado de la Fortuna—, otras perversas —será un clavo acariciando la planta menuda de su pie—, otras dictadas por la sabiduría popular —será el cascabel del gato—.
Mañana le pediré formalmente que no se deshaga de ese par.
jueves, 15 de noviembre de 2007
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