Educado en la más prestigiosa academia militar de la Patria, sus cualidades de soldado perfeccionista y cumplidor le llevaron a encargar tres pares de lentes obscuros para sus guardias en la Puerta Sur: uno con el cristal izquierdo tintado y el derecho transparente, otro con ambos cristales tintados y el tercero al revés del primero. ¿Cómo, si no, afrontar con elegancia y marcialidad los amaneceres y atardeceres?
Con el transcurso de los años, su sentido del deber elevó su carrera a los más altos estamentos de la élite castrense. Decidió así encargar unas estupendas gafas de montura de oro y cristales de espejo para que sus subordinados y demás ciudadanos no pudieran adivinar qué estaba pensando.
Demasiado tarde descubrieron que ni siquiera cuando el Enemigo –muy generoso por su parte— le abrió unos limpios orificios a través de aquellas bonitas lentes, pudo la Luz hacer acto de presencia en el cerebro de tan ilustre Prócer.
martes, 13 de noviembre de 2007
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