martes, 20 de noviembre de 2007

Medusa - 05/01/04

Atenta a las luces del panel del ascensor, ajusta la falda ceñida y tira de los puños de la blusa que viste bajo su impecable traje gris. Una sacudida y las puertas se abren frente al larguísimo pasillo que conduce a su despacho.

Su paso, apresurado y enérgico, aumenta el agradable calor que nace entre sus muslos: no la miran, pero se sabe imaginada.

Al llegar, cierra la puerta, se deja caer en la poltrona y lanza los zapatos de aguja mientras se repone de su placer cotidiano.



Sobre: “Deferencia de mando” — Autor: Rafusio. 11 de septiembre de 2003

Cada día oímos el taconeo, apresurado y enérgico, de nuestra jefa por el pasillo. Usa zapatos de tacón sólo para avisarnos de su llegada. Aunque nunca nos lo ha dicho, todos sabemos que lo hace para evitar una reprimenda al sorprendernos leyendo el periódico o componiendo deleitables pajaritas de papel.
Cuando entra en su despacho, reemplaza los chivatos e incómodos tacones por unos flexibles mocasines de caucho.

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