Nicholas Lestage, artesano, finalizó su profunda reverencia. A su lado, un sirviente sostenía un par de fabulosos zapatos de tacón.
Luis XIV examinó con atención aquellas obras maestras de suela roja, bordadas en plata y repletas de lazos, brocados y gemas. Los tacones, escasamente curvados, estaban cubiertos de finos grabados.
Mientras, un Lestage taciturno, obligado bajo pena capital a vestir únicamente los pies de aquel hombrecillo, soñaba con poner su magia a y en los pies de Europa.
jueves, 15 de noviembre de 2007
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