jueves, 15 de noviembre de 2007

Ajuste de cuentas - 14/10/03

Desde la taza del retrete, la cabeza decapitada del hombre parecía contemplarles con sincero estupor.

—Léame de nuevo esa parte de la declaración —ordenó el comisario.

—Vamos a ver —contestó el sargento, mientras pasaba las hojas de su libreta—. Sí, aquí: “…se cortaba las uñas de los pies en la cocina, dejaba pelos de su barba y pasta dentífrica pegados al lavabo, nunca levantaba las dos tapas para orinar…”

—Basta. Está claro —el superior se acariciaba el mentón—, pobre mujer, actuó en defensa propia.

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