Alberto descuelga su teléfono cuando éste apenas ha tenido tiempo de sonar.
—Planificación, buenos días —contesta sin pensar.
—Hola, Planificación…—si es posible sonreír a través de la línea, ella lo consigue—. ¿Te apetecen unas fotocopias?
—Claro —responde él y añade, bajando la voz—. ¿Ahora mismo?
—En un minuto. Te espero —El auricular enmudece de golpe.
Alberto cuelga, selecciona al azar algunos papeles de su mesa y, dirigiéndose a nadie en particular, exclama:
—Voy a sacar unas copias. Regreso en seguida.
Sus compañeros asienten distraídos y esperan a que él salga de la oficina para cruzar unas sonrisas cómplices.
jueves, 15 de noviembre de 2007
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