La niebla acariciaba las copas de los árboles paseando por el bosque como una etérea belleza con zapatos de tacón de encina y roble.
Atrapado por ese pensamiento, el caminante dejó caer su equipaje y supo que ya nunca volvería a casa. Sería uno más en la larga lista de los desaparecidos.
jueves, 15 de noviembre de 2007
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