“…oí que te sentías mal…yo puedo aliviar tu sufrimiento, puedo ponerte en pie de nuevo…”
En los altavoces suena “Comfortably numb” de Pink Floyd. Casi sin pensar, las manos del conductor giran el volante y el vehículo toma la salida que no es. La carretera va abandonando el extrarradio de la ciudad y se estira entre cultivos y bosques, camino de las montañas. Desconecta el móvil y deja su anillo en una repisa junto a la palanca de cambios.
“…relájate…¿sabrías mostrarme dónde te duele?...”
El equipo repite la canción una y otra vez para él. Un pueblo, calles familiares. Aparca frente a una casa de paredes blancas y flores en las ventanas.
“…¿hola? ¿hay alguien ahí dentro?…basta que asientas si puedes oírme…”
Cuando llama, golpeando suave con los nudillos, la puerta se entreabre y una mujer joven asoma su rostro, el pelo castaño recogido en la nuca.
—Hola —dice ella—, no avisaste.
—Lo siento —él la mira a los ojos—, no podía dejar de pensar en ti. Apenas tengo un par de horas.
—Pasa, pasa, no te quedes ahí.
“…realmente parece que funciona. Bien. Esto te permitirá seguir con la función…”
jueves, 15 de noviembre de 2007
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