No deja de sorprenderme cuánto provecho obtenéis de esos minutos que robáis a la jornada laboral: secretos de empresa desvelados, traiciones a colegas y nuevos amores se gestan veloces y transparentes a mi alrededor.
Claro que yo, suma sacerdotisa de vuestras idas y venidas, también me tomo un respiro de vez en cuando. ¡Tendríais que veros entonces! El alivio con el que penetráis en mi templo, borrado de un plumazo de vuestras caras.
Y es que os sentís tan desvalidos sin vuestra sabia y anciana cafetera...
jueves, 15 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario