Abrió con suavidad el cajón del escritorio y vió su imagen oscura doblemente reflejada en las gafas de sol de su padre. Al extender la mano para cogerlas, sus dedos se curvaron hacia atrás como si rechazaran asir un objeto candente. Acercó entonces su rostro hacia las gafas y sobre los cristales sus facciones se ensancharon de forma desmesurada hasta hacerse irreconocibles.
Le asaltaron recuerdos de otros tiempos. Incorporándose, decidió que, aún después de muerto, el influjo de su progenitor jamás le permitiría mostrarse tal y como él era en realidad.
Unos minutos más tarde, cuando el padre regresó al despacho a por las gafas que había olvidado, se extrañó al encontrarlas boca abajo.
martes, 13 de noviembre de 2007
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