—¿Que yo suba esto? —me chilla indignado.
—Es que hoy te toca a ti —razono—, quedamos que tu te encargabas los días pares y él los impares.
—Es un bodrio infumable —insiste—. Nada, nada, dáselo a él, que ni siente ni padece.
Opto por callar, harto de su falta de compromiso. ¿Quién me mandaba crearles?
Me giro y observo al otro. Pensándolo bien, pobrecillo, es verdad que parece que no sabe qué viento le da.
Uso mi voz más dulce y persuasiva mientras le acerco el papel con la mini:
—Fiblo, bonito...
jueves, 15 de noviembre de 2007
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