martes, 13 de noviembre de 2007

Reportero - 09/09/03

El día amaneció como tantos otros, pero Alfonso sabía que su momento había llegado. Desayunó y se encaminó con su equipo hacia la línea del frente. Se luchaba casa por casa y estaba seguro que allí conseguiría la instantánea que le lanzaría a la fama.

La calle era una ruina cubierta de escombros y cristales rotos. Corriendo pegado a la pared, la cámara aferrada con mano experta, dobló la esquina. El sonido del disparo se confundió con un fuerte dolor en su pecho mientras caía de espaldas, malherido.

Un joven soldado, muy joven, inclinó su rostro curioso hacia la cámara mientras el índice agarrotado del reportero apretaba el disparador. Lo último que vio Alfonso fue la mejor foto de su vida: su imagen agonizante reflejada en las oscuras gafas de sol del militar.

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