Lo primero que sintió al despertar fue el frío asfalto de la calle bajo su cuerpo. Después, como ya era costumbre en él, maldijo a la que le amó y, por extensión, al género femenino. Lentamente, logró erguir la cabeza.
Había una mujer de pie en la esquina. Los zapatos de tacón y su reflejo sobre la húmeda acera formaban flechas que le indicaban con suma claridad la puerta del siguiente bar.
martes, 13 de noviembre de 2007
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