El comandante Igor Luchenok, futuro Héroe de la Unión Soviética, se agazapaba tras el parapeto nevado, listo para encabezar el asalto del Ejército Rojo.
Aturdidos por el estruendo de la artillería, sus camaradas no le oían repetir:
—San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. San Miguel Arcángel, defiéndenos…
Claro que el aludido militaba en el bando contrario: la condecoración fue a título póstumo.
martes, 20 de noviembre de 2007
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