martes, 20 de noviembre de 2007

Tareas domésticas - 04/11/03

Al ver la bellísima silueta recortada por el contraluz de la puerta, Gabriel respiró aliviado.

—¡Miguel! ¿Por dónde volabas? Hoy te toca guardia.

—¿Guardia? —Miguel no pudo ocultar su disgusto— ¡Pero si acabo de regresar del exterminio de los primogénitos egipcios!

—Bueno, bueno —Gabriel se puso en pie y colocó los brazos en jarras— A ver si el señorito va a creer que sólo él puede trabajar ahí afuera. Las dietas, arcángel mío, hay que repartirlas.

—Las dietas —refunfuñó Miguel mientras se ajustaba el aura—. ¡Ya me contarás en qué nos las vamos a gastar aquí!

Gabriel, con una sonrisa burlona, tomó su manto añadiendo:

—Y por cierto, cámbiate antes de acudir al Trono, que apestas a muerte.

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