Siempre evitaba colocarse el cinturón de seguridad. Menudo incordio, sostuvo hasta el día en que atravesó el parabrisas de su coche.
La Muerte, recién graduada en un Curso de Atención al Cliente, se disculpó al segarle:
—De algo hay que vivir, majo.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario