Despacio, abandonó la noche y se sumergió en el firmamento interior, el que se despliega tras los párpados cerrados, repleto de luces móviles como estrellas fugaces y de manchas nebulosas.
Se imaginó adecentando un pequeño apartamento – no necesito gran cosa, aclaraba modesta –, donde evitaría la decoración sobrecargada, sólo lo necesario para sentirse cómoda. Pensó en un lugar lleno de amigos, con las puertas abiertas y sin absurdas restricciones horarias. Pero, ¿cómo haría si acudían a cenar más de seis…?
Su marido, con un brazo sobre ella, se removió en sueños y la devolvió de golpe a la oscuridad de los ojos abiertos.
jueves, 15 de noviembre de 2007
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